La estrecha relación entre biodiversidad y el ciclo integral del agua

La biodiversidad es la base sobre la que se sustenta nuestra forma de vida. La biodiversidad nos proporciona salud, agua, alimento, combustible y los recursos vitales de los que depende nuestra existencia, tal y como se recoge en el Convenio de Biodiversidad Biológica.

La mayor parte de las empresas dependen directa o indirectamente, en algún punto de su cadena de valor, de los ecosistemas y los servicios que estos proporcionan. Y en las empresas de gestión del ciclo del agua, la relación es mucho más estrecha.

Un estudio realizado en América del Norte indicó que por cada 10% de aumento de la cobertura de los bosques en un área de captación de agua, los costes del tratamiento de aguas se reducían aproximadamente en un 20%. Esto sucede porque la cobertura forestal aumenta la seguridad del suministro y, además, ayuda a reducir los contaminantes en el agua.

El ritmo de pérdida de biodiversidad a nivel mundial es actualmente mil veces superior al ritmo natural y no se ralentiza. Ello supone una degradación acelerada de los servicios que nos proporcionan los ecosistemas y que garantizan nuestro bienestar.

Sin entrar a detallar las principales causas de la pérdida de biodiversidad, cabe recordar que es consecuencia de la mayor parte de los problemas ambientales actuales y que por tanto es importante avanzar hacia el desarrollo sostenible, un modelo de desarrollo capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos y las posibilidades de las futuras generaciones.

En las últimas décadas, los gobiernos y la comunidad internacional están desarrollando políticas para detener la amenaza que la pérdida de biodiversidad supone para el planeta. Y en estos acuerdos internacionales se identifica ya a las empresas como un actor con un papel relevante en este sentido.

La cuestión es ¿cómo hacemos desde el ámbito empresarial para incorporar la conservación de la diversidad biológica del entorno de las instalaciones que operamos? Y concretamente, ¿qué pueden hacer las empresas operadoras del ciclo integral del agua en este sentido? Es evidente que no es una tarea fácil, y no hay una fórmula universal.

No sólo hay que incorporar la biodiversidad en la gestión actual del servicio. En un futuro podríamos imaginar que la administración desarrolla un plan de saneamiento que contemple tanto las infraestructuras necesarias de depuración (EDARs), como la restauración ambiental de tramos de ríos que potencien el efecto de autodepuración que ejerce la vegetación de ribera. O que la gestión de las captaciones contemple también acuerdos de gestión forestal. Se trata de integrar la gestión de la infraestructura gris (la convencional) con la infraestructura verde.

Reivindico, pues, la necesidad de ir hacia un modelo de gestión del ciclo del agua donde no sólo se gestionen las infraestructuras, sino que se gestione conjuntamente la infraestructura y su entorno natural de influencia, para garantizar y potenciar los servicios que los ecosistemas están proporcionando al ciclo del agua.

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