Arte helado

    Vivimos en un país mediterráneo y, aun así, a menudo recibimos invasiones árticas o siberianas que convierten el agua en hielo y hacen que este adquiera formas curiosas, extrañas: aquellos carámbanos que cuelgan de puentes o paredes montañosas o incluso de los tejados de las casas. En el Pirineo lo conocen bien. Pero hoy veremos el hielo adoptando formas bien curiosas, debido a las condiciones físicas que lo rodean: miles de bolas de hielo amontonadas, donuts de hielo, «dedos helados de la muerte» o la temible lluvia helada. Y qué mejor forma de contarlo que con casos reales e imágenes que los acompañen.

    Bolitas heladas: es un fenómeno muy poco frecuente, ya que deben cumplirse una serie de condiciones para que se produzca. Después de intensas nevadas sobre los grandes lagos o mares, la nieve, combinada con temperaturas muy bajas y el movimiento de las olas semicongeladas, se puede convertir en bolas heladas de un diámetro que puede oscilar entre los 10 y los 40 cm. Cuando alcanzan la línea costera, pueden rodar empujadas por el viento y adquirir una forma esférica cada vez más perfecta gracias al rozamiento con el terreno, como si se tratara de cantos rodados. 

    Rollitos de nieve: los trozos de nieve que caen de los árboles a la superficie pueden ser impulsados por el viento. Mientras van rodando, recogen más nieve por el camino. Más o menos es el mismo sistema que utilizamos para hacer un muñeco de nieve, pero, a diferencia de las bolas de los muñecos, los rollitos tienen forma cilíndrica y su interior está vacío. Como las capas internas son más finas, pueden rodar con mayor facilidad. Durante su recorrido, y si el viento es bastante fuerte, pueden llegar a medir más de medio metro. Pero no siempre que hay nieve y viento pueden formarse. Hace falta que la nieve de la superficie esté depositada sobre una capa de hielo sin llegar a adherirse y que el viento sea lo suficiente fuerte para impulsar el cilindro, pero no demasiado intenso, ya que podría hacerlo rodar muy rápido y se acabaría rompiendo. En Estados Unidos se organizan competiciones para encontrar el rollito más grande. En marzo del 2007, en las North Cascades del estado de Washington encontraron un ejemplar de 66 centímetros de diámetro con un vacío interior de 20 centímetros. Se debió de formar con la nieve que cayó de un árbol hacia la pendiente de la montaña. En este caso fue la gravedad y no el viento la que se encargó de transformarlo en este rollo gigante. 

    El «dedo helado de la muerte»: parece el título de una película de ciencia ficción de serie B, pero es el nombre con el que se conoce un fenómeno natural muy curioso: el brinicle, o estalactita de hielo, que se descubrió en 1960 y se grabó por primera vez hace pocos años. Se trata de unos chorros de agua muy fría y con gran concentración de sal que, a partir del hielo marino, pueden fluir en dirección al fondo del mar. Precisamente el alto contenido en sal favorece que el chorro vaya hundiéndose y, lo más curioso, se vaya congelando y convirtiéndose en una estalactita helada. Por su interior sigue fluyendo agua muy fría y salada, y la estalactita va creciendo hasta encontrarse con el fondo marino. Cuando entra en contacto con él, todo lo que toca se congela: algas, animalitos…, cualquier ser vivo. Como los hielos superficiales se van moviendo, el brinicle también lo hace, y deja un rastro blanco de muerte helada. Pueden ver este fenómeno en YouTube, en el vídeo de la BBC Brinicle ‘finger of death’.

    Lluvia engelante: a veces puede ocurrir que, después de una entrada de aire muy frío, este quede estancado en la superficie mientras por capas superiores penetra aire cálido. Puede aumentar la nubosidad e iniciarse lluvia. Cuando esta precipitación llega cerca de la superficie y se encuentra con objetos a menos de 0 ºC, se congela: es la lluvia de hielo, o lluvia engelante. Es un fenómeno poco habitual en nuestras latitudes. Provoca el caos en la circulación y numerosas caídas de peatones, y es que todo queda recubierto de una capa de hielo que va aumentando y hace que caigan árboles o líneas eléctricas por el peso acumulado. 

    A principios de enero de 1998, en Canadá se produjo una persistente lluvia helada o tormenta de hielo, como se denomina allí. Cayeron la mayoría de las torres de alta tensión y no había electricidad, además, no se podía salir al exterior por el peligro que representaba el hielo. Se contaron hasta 1,2 miles de millones de dólares en daños. Este fenómeno también se registra en Bélgica, Holanda, Alemania, cuando, después de una entrada de aire polar o siberiano, aparece una masa de aire cálido atlántico. Durante las primeras horas cae lluvia engelante; y posteriormente gana la masa de aire cálido y todo vuelve a la normalidad. Hay una película de Ang Lee, La tormenta de hielo, donde se observa este fenómeno. Una película bastante recomendable, por cierto. Pero de películas ya hablaremos en otro momento, muy pronto.

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