Monstruos mediterráneos

    En el pasado artículo, les explicábamos los tres tipos de situaciones que generan tormentas en Cataluña, y nos quedamos en la primera: las típicas tormentas de media tarde en zonas de montaña.

    Deberíamos añadir que en Cataluña tenemos verdaderos «nidos de tormentas», zonas en las que se pueden formar con preferencia las nubosidades que desencadenarán una tormenta. Todo ello gracias a la orografía, la disposición de los valles, de las montañas; la orientación de algunas vertientes hace que los cúmulos cojan más fuerza y descarguen con preferencia en algunos lugares y no en otros. Algunas zonas alrededor del Pedraforca, el Montsec, el alto Ripollès o el alto Pallars Sobirà son nidos de tormenta, y sus habitantes lo saben bien, conocen los síntomas y son capaces de anunciar, con un grado de fiabilidad muy elevado, que por la tarde llegarán lluvias y rayos; aunque seguro que, cuando lo dicen, no hay ni una sola nube en el cielo.

    Veamos qué otras situaciones pueden generar tormentas. 

    Sistemas frontales: los sistemas frontales o frentes son líneas que separan masas de aire con distinta temperatura. Esta es una definición muy teórica ya que, en la práctica, podríamos decir que se trata de auténticas batallas, choques, confrontaciones entre masas de aire cálido y frío. De hecho, el uso de la palabra frente—ya sea cálido, frío u ocluido— para denominar este concepto se lo debemos a Vilhelm Bjerknes (1862-1951). Físico y meteorólogo noruego, padre de la meteorología moderna… y de los frentes, porque así bautizó a estas líneas productoras de precipitaciones, por su similitud con los frentes de batalla, líneas de choque entre enemigos. 

    Los frentes fríos son los que pueden provocar tormentas. Delante encontramos una masa de aire cálida y húmeda, mientras que detrás, llega repentinamente aire frío, que levanta el aire cálido y lo condensa en forma de nubosidades que se convierten en chubascos. Pero no todos los frentes fríos provocan precipitación. Si nos afectan en invierno, la diferencia de temperaturas antes y después del frente no será demasiado marcada y podrá provocar algunas lluvias, alguna nevada, algún aguacero… Pero ¿qué ocurre si llega un frente frío a finales de verano o en otoño? Pues que delante se podrá encontrar con una masa de aire muy cálida y húmeda, el contraste de temperatura será extremado y las nubes crecerán con mucha fuerza y darán lugar a fuertes tormentas puntuales. A diferencia de las tormentas de media tarde, estos frentes nos pueden afectar a cualquier hora del día o de la noche, por lo que podremos tener tormentas de madrugada, por la mañana, al anochecer o cuando pase el frente; eso sí, si son por la tarde, provocarán algo de calor durante el día y serán más intensas. 

    ¿Qué ocurrió en septiembre de 1962? Los días del 24 al 26 de septiembre de aquel año se recordarán por la tragedia que se vivió en Cataluña a causa de las aguas desbocadas; el resultado de una situación inaudita. Una lengua de aire frío en altura entró por el Cantábrico, vientos muy húmedos y cálidos en la superficie que penetraban por el litoral catalán, un frente frío verdaderamente explosivo. El choque de masas de aire, sumado a la orografía, fue descomunal. La noche del 24 al 25 y el día 25 se produjeron tormentas torrenciales. El cauce de los ríos y ramblas, que estaban prácticamente secos, se convirtió en un torrente de furia impetuosa. El Llobregat, el Besós, el Ripoll y la Riera Seca se desbordaron de repente. En Martorelles, se recogieron 250 litros por metro cuadrado. En Sabadell cayeron 95 litros en 44 minutos y hubo momentos en los que la lluvia caía a razón de 6 litros por minuto. Terrassa, Sabadell, Rubí e incluso el Prat de Llobregat sufrieron grandes daños en infraestructuras. Y lo más lamentable: se contabilizaron más de 900 muertos en total. El día 26 siguieron cayendo aguaceros intensos. Esta misma situación en los meses invernales tan solo habría provocado algunos chubascos.

    Y ponemos fin a este artículo con la tercera situación, las tormentas litorales. A partir de mayo, el sol se encarga de ir calentando el Mediterráneo, sobre todo superficialmente. En junio y julio, con un sol casi vertical y varias olas de calor, la temperatura del mar pueda llegar a alcanzar, en su superficie, los 25 °C fácilmente; y en agosto, hasta los 27 o 28 °C. Si añadimos el calentamiento global de los últimos años, ya nos acercamos a los 30 °C, una temperatura más propia de los mares tropicales. Pero de repente, por lo general hacia la segunda quincena de agosto o durante septiembre y octubre, por las capas superiores atmosféricas penetran masas de aire frío que se cuelan por el Cantábrico y se encuentran con este auténtico «caldo mediterráneo»… Y ya tenemos un cóctel explosivo que genera cumulonimbos descomunales, que pueden llegar a tener entre 12 y 13 kilómetros de alto. Además, pueden quedar estancados durante horas. 

    Un ejemplo: durante el otoño de 1987, unas tormentas extraordinarias, continuadas, hicieron que en solo 24 horas se llegaran a acumular ¡817 litros en Oliva y 720 litros en Gandía! La próxima semana hablaremos de un fenómeno muy curioso que se produce únicamente en el litoral central catalán y que es estudiado por científicos de todo el mundo. 

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