Europa, rompamos tópicos

    Durante las últimas semanas hemos viajado alrededor del planeta para descubrir las zonas más lluviosas y las más secas. Esta vez, nos quedaremos en el continente europeo para comprobar las grandes irregularidades en la distribución de la precipitación, dependiendo de la latitud y de las características geográficas. No llueve igual en París, Londres, Moscú, Viena, Estocolmo o Barcelona… ¿o sí? Se trata de una pregunta trampa. Descubrimos otras realidades que se alejan de nuestra percepción y empezamos rompiendo un tópico.

    Londres y Barcelona: ¿Dónde llueve más, en Londres o en Barcelona? Pues la respuesta es Barcelona, aunque la diferencia es muy pequeña. Ambas ciudades registran una media de unos 600 litros anuales, pero lo que varía realmente es la distribución de la precipitación. En Barcelona pueden pasar hasta dos semanas sin que caiga una sola gota cuando, de repente, caen 50 litros en un mismo día; mientras que en Londres estos 50 litros van cayendo poco a poco, hoy 5 litros, mañana 2, al próximo día 3… Por supuesto que también intervienen otros factores como la evaporación que, en Barcelona, con clima mediterráneo, es más elevada que en Londres, con clima atlántico.

    Clima atlántico: Hablemos de climas, empezando por el atlántico. Europa recibe la influencia de un fenómeno importantísimo que condiciona su clima: la corriente del Golfo de México, una masa de agua relativamente cálida que afecta desde las costas de la península Ibérica hasta Islandia y Noruega. Este es el motivo por el cual todos los países europeos que miran al Atlántico no sufren fríos rigurosos (salvo en situaciones concretas) pero, como contrapartida, registran precipitaciones relativamente abundantes. Islandia, Noruega, Países Bálticos, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Alemania, Francia… todos ellos reciben las influencias de las borrascas atlánticas, con precipitaciones más o menos abundantes y medias de entre 600 y 1.000 litros anuales. Los embalses de estos países, situados especialmente en las zonas más próximas al océano, no son de gran capacidad ya que se fían de las lluvias que caen constantemente y no tienen problemas de sequía… ¡pero los pueden tener! Entonces la situación se tuerce, como en el año 1976 en las Islas Británicas, donde las largas semanas sin lluvia y las temperaturas elevadas obligaron a la aplicación de restricciones de agua.

    O como el verano de 2018 en Noruega. Igual que en otros países nórdicos y agravado por el calentamiento global de las últimas décadas, en esta región se han multiplicado los períodos secos. Aquel verano la agricultura se vio seriamente perjudicada, añadiendo también grandes incendios forestales. 

    Toda la fachada atlántica europea cuenta con unas precipitaciones más o menos regulares, exceptuando el caso de Noruega, donde encontramos cordilleras de montañas bastante elevadas muy cerca de la costa… y aquí tenemos el efecto orográfico del que hablábamos la semana pasada. ¿El resultado? Enormes irregularidades de precipitación, ya sea en su vertiente occidental u oriental. En la occidental es donde chocan los vientos atlánticos, las nubes toman más fuerza y las lluvias o nevadas son muy persistentes. Bergen forma parte de ella y es la ciudad importante más lluviosa de Europa con 1.940 litros anuales de media. En las montañas cercanas caen precipitaciones, en la vertiente oeste, de 3.000 a 4.000 litros anuales, pero las propias montañas actúan como barrera y en el este encontramos sombras pluviométricas muy marcadas en zonas en las que a penas caen 400 litros al año, pocos más que en Lérida. El siguiente mapa se lo muestra de forma clara, ya ven la importancia de tener montañas para cambiar radicalmente la pluviosidad de un territorio a otro. 

    Iniciábamos este artículo hablando de la pluviometría de distintas ciudades europeas como por ejemplo París, Londres, Moscú, Viena, Estocolmo o Barcelona. Lo que tienen en común todas ellas es que la media de lluvia anual es más o menos la misma, con pequeñas variaciones de 50 litros arriba o abajo; pero la distribución a lo largo del año es muy distinta y también la comparativa entre un año y otro en función de la zona. En París, Moscú, Viena o Estocolmo, un año caerán 550 litros y al siguiente 650, mientras que en Barcelona o en cualquier ciudad mediterránea un año podrán caer 400 litros y al siguiente 800. Precisamente y como ya hemos apuntado en alguna otra ocasión, y es algo que debemos tener muy presente, estos dientes de sierra, estas variaciones tan marcadas de un año a otro o incluso dentro de un mismo año, se irán acentuando durante la próxima década, como consecuencia inequívoca del calentamiento global, que amenaza con más fuerza a los países mediterráneos. 

    La semana que viene seguiremos con Europa, viajando hacia el Mediterráneo. De hecho, cuanto más hacia el sur vayamos, ¡más sorpresas y más contrastes encontraremos! La diversidad geográfica y la presencia de grandes cordilleras juegan un papel muy importante. Un ejemplo: el récord de las nevadas más intensas de todo el continente se encuentra en… Italia. Por otro lado, no todos los veranos del Mediterráneo son secos, también podemos encontrar rincones muy lluviosos, ¡de los más lluviosos de Europa!

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