Balance de resultados de la COP25

En los últimos días, se ha celebrado en Madrid la 25.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, más conocida como COP25. La negociación del acuerdo final de la conferencia ha sido difícil y se ha alargado más tiempo de lo previsto, lo que ha hecho que la COP25 se haya convertido en la conferencia más larga de las celebradas hasta ahora. Detrás de estas largas negociaciones estaban los Acuerdos de París (2015) sobre el cambio climático, que exigían un mayor compromiso de las naciones con la reducción efectiva de las emisiones de efecto invernadero, pero también la soterrada guerra comercial entre China y los EE. UU. o las presiones de India, Brasil o Arabia Saudí que, por diversas razones, se oponían a una u otra parte de los posibles acuerdos. Por otro lado, la COP25 ha sido noticia por las reivindicaciones y solicitudes de activistas y organizaciones no gubernamentales y las declaraciones de numerosos científicos que alertan sobre los efectos del cambio climático. Todos ellos, cada uno a su manera, han exigido un mayor compromiso ambiental de los gobiernos y las organizaciones internacionales.

Los puntos más polémicos del documento han sido, en primer lugar, los planes de reducción de las emisiones de CO2 que darían cumplimiento a los Acuerdos de París (2015) y, en segundo lugar, la cuestión financiera. Esta, a su vez, gira alrededor de los futuros mercados de intercambio de derechos de emisiones de dióxido de carbono (CO2) y de los mecanismos financieros que los países más desarrollados tendrían que implantar para posibilitar la política ambiental de los países con menos recursos.

Balance COP 25

Cabe recordar que, según la comunidad científica, el Acuerdo de Kioto no es suficiente para evitar un cambio climático a gran escala. Además, si se mantiene la actual tendencia de emisiones de CO2, la temperatura media mundial podría incrementarse unos 3,2 ºC de aquí a 2050. El Acuerdo de París busca frenar este incremento de las temperaturas, limitarlo y estabilizarlo en 1,5 ºC. Para conseguirlo, tendrían que reducirse las emisiones de CO2 en un 7,6% anual y alcanzar en 2050 el punto de equilibrio entre el CO2 emitido por la actividad humana y la absorción de este gas por los bosques y los océanos.

El acuerdo final de la COP25 insta a las naciones a presentar planes de reducción de emisiones más ambiciosos que los actuales. Igualmente, 73 países se han comprometido a presentar planes de acción climática reforzados en 2020, conforme a los Acuerdos de París, y otros once han concebido planes especiales más ambiciosos. Pero el compromiso ha ido más allá de los gobiernos y también se ha implicado el mundo de la empresa y las finanzas.

14 regiones, 398 ciudades y 786 empresas se han comprometido a planes de disminución de las emisiones de CO2, a título particular. Las últimas 177 empresas en adherirse a la Alianza de Ambición Climática suman 5,8 millones de empleados en 36 países; su capital social equivale a más de dos veces el PIB español y emiten juntas tanto CO2 como Francia. Todos estos agentes y gobiernos se han comprometido a reducir a cero sus emisiones netas de CO2 para 2050. También es importante el compromiso de algunos inversores financieros. 631 inversores, que manejan fondos equivalentes a 37 billones de dólares, han hecho un llamamiento a la lucha contra el cambio climático, y un grupo de 16 inversores ha comprometido 4 billones de dólares en valores mercantiles relacionados con la reducción de emisiones. Todos estos agentes y algunos otros se han sumado a la Alianza de Acción Climática, que insta al compromiso ambiental de los gobiernos de todo el mundo y busca nuevos agentes que se sumen a la lucha contra las emisiones de CO2.

Por otra parte, el comercio de emisiones de CO2 es una cuestión compleja porque implica mecanismos de control financiero y de verificación de las emisiones. La idea básica de este comercio es simple. Si una nación en su conjunto o una empresa consigue emitir menos CO2 del que se había marcado como objetivo, puede vender esa rebaja a otra nación o empresa que, por la razón que sea, ha emitido más CO2 de la cuenta. Sin embargo, la implantación de este mercado es extremadamente compleja, pues comprende el reparto de emisiones entre naciones y entre agentes emisores y una regulación de este comercio, con sistemas de contabilidad, verificación y autentificación viables y fiables. Parte de las discusiones se centraron en los problemas de doble contabilidad y en la insistencia de Brasil o Australia, por ejemplo, en contabilizar la reducción de emisiones no desde los Acuerdos de París, sino desde el Acuerdo de Kioto, lo que restaría eficacia a este mecanismo financiero y a lo que se opone con fuerza la Unión Europea.

El comercio de emisiones sería una fuente de recursos financieros, pero la COP25 ha insistido en la necesidad de planes de ayuda financiera para la reducción de emisiones y de adaptación al cambio climático de las naciones con menos recursos, y esta reclamación ha sido una de las principales conclusiones de la conferencia. En este mismo sentido, también se ha dado un peso específico importante a la cuestión de la distribución de la renta entre los habitantes de una misma nación, puesto que una desigual distribución de la riqueza viene asociada a problemas ambientales y se insta a las naciones a establecer sistemas de financiación internos capaces de sortear este obstáculo.

La próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP26, se celebrará en Londres el año que viene.

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